La historia de Amete Cordovés, hijo de granadinos expulsados a Córdoba, la conocemos por su proceso Inquisitorial en 1623:
«Hijo de Alonso López de Cámara morisco y de María su mujer, que no le sabe el sobrenombre, los cuales vivían en la dicha ciudad -de Córdoba- no sabe en qué calle vivían ni en qué barrio, ni sabe si le bautizaron… su padres y éste fueron a parar a la ciudad de Tetuán en Berbería y de recién llegados allí, mataron los moros a su padre por haberle hallado en una huerta que cogía patatas y poco después murió su madre, de manera que quedó el confitente muy niño y se ha criado por aquellos montes guardando ganado de manera que no sabe la ley de los cristianos ni la Secta de los moros.

Figura 1.- Medina de Tetuan.
y porque le hizo mal tratamiento un amo que tuvo alarbe porque de una manada de cabras que guardaba le comió el lobo dos, le cargó tantos palos que le dejó medio muerto y como se pudo se vino a Argel huyendo del dicho su amo y allí vivía llevando algunos fardos a cuestas de unas partes a otras y pareciéndole que esto no era buena comodidad para poder ganar su vida, se acomodó con el dueño de este navío en que han venido para servir en él a los marineros y soldados…ha venido a esta ciudad con el navío que se huyó de Argel con Luis Oliver y los demás cautivos cristianos que por todos eran 30 y salieron de Argel el Domingo de Ramos próximo pasado en la noche y llegaron a esta ciudad el Viernes Santo con gravísimo contento de haber salido de entre aquellas gente,…se le de el agua del Santo Bautismo la cual pidió con muy grandes afectos y deseos.»
COMENTARIO DEL AUTOR
La historia de Amete Cordobés, hay que entenderla como el resultado de tres exilios. El primero, consecuencia de la Guerra de las Alpujarras, que provocó la deportación de sus padres desde Granada a Córdoba, sin que sepamos si los dichos habían sido de los moriscos de paces o combatientes en el alzamiento alpujarreño. Debemos suponer que el extrañamiento comportó para los padres de Amete, una bajada a los infiernos de la pobreza, pues muchos moriscos dejaron atrás, oficio, patrimonio, casa y redes de apoyo.
El segundo exilio es el de la expulsión masiva en 1610,en una escala desconocida hasta entonces, en el que la familia repite la historia del primer destierro, corregida y aumentada. Según Amete, él y sus padres serán deportados a Tetuán. Aquí empieza Amet a construir una historia que tiene muchos paralelos con relatos similares de otros moriscos procesados por el Santo Oficio. No queremos decir que lo que relata Amete ante el Santo Oficio no tenga algun viso de verdad, pero no podemos por menos que señalar esas coincidencias con el relato exculpatorio de muchos reos del santo tribunal.

Figura 2.- Reproducción de un jabeque (sabbaq) argelino.
En primer lugar, la muerte de sus padres. Uno de los recursos mas empleados por los reos moriscos en los `procesos inquisitoriales fue el de ocultar la posible implicación de los familiares mas directos en las prácticas islámicas. Sobre todo porque los inquisidores valoraban la intensidad de las penas que imponían en virtud de si el reo había estado ·confitente» y colaborador. Esa colaboración se ganaba denunciando nuevos reos al Tribunal. Amete, una vez autodeclarado huérfano y sin otros familiares a los que denunciar, puede urdir la historia que mas le convenga para salir indemne de su proceso. Hay que tener en cuenta que volverse de Berbería después de la expulsión era un delito castigado con severas penas, que podían ir desde los azotes en el caso de las mujeres a la de galeras en el caso de los varones, por lo que Amete deja claro que se encontraba en el barco que lo devolvió del exilio porque estaba previamente a sueldo del capitán como mozo o grumete, no porque el lo hubiera decidido previamente.
Eso sí, para que no se dudara de su adhesión actual a la cristiandad, estaba » con gravísimo contento de haber salido de entre aquellas gente». Pero, pensarían los inquisidores, él había vivido entre los musulmanes de Tetuán y no había hecho nada hasta hoy por huir de ellos. Para eludir ese escollo de su declaración, Amete cuenta que siendo como era pastorcillo, estaba » por haberse criado por aquellos montes» apartado de todo contacto que no fuera su rebaño y » no sabe la ley de los cristianos ni la secta de los moros».
Ahora viene otro posible tropiezo, cuenta el joven Amete que a resultas del maltrato hecho por un alarbe ( como se deja caer en el relato, los moros mataron a su padre, y lo maltrataron a él),coge camino y se va a Argel desde Tetuan. Aquí Amete podría haber salido malparado si no hubiera cambiado por estas fechas el ambiente político. La cuestión morisca ya no es un asunto prioritario para la Corona y se ha dado por zanjado tras la llegada al trono de Felipe IV. Y es que la distancia entre Tetuan y Argel es nada menos que de 1.316 Kms.
Como decimos, el Tribunal no fue mas allá en sus pesquisas y ordena que se le bautice «lo cual había pedido el reo con muy grandes afectos y deseos».