
Figura 1: Página de la visita de los Inquisidores a Talavera y su entorno en 1607
TRANSCRIPCIÓN
Relación de las testificaciones de la visita que el Señor Inquisidor Don Francisco Manuel hizo este año de 1609 a la villa de Talavera de donde se visitaron cincuenta lugares con edictos y anatemas y lo botado en ella por los señores Inquisidores licenciados Don Gaspar de Quiroga y Don Francisco Manuel y Don Francisco de Muxica.
Ángela Sánchez mujer de Bartolomé Sánchez, vecina del lugar de La Calzada y natural del Reino de Granada, fue testificada por un testigo de oídas, hombre mayor y por otro de vista mujer menos, de haber dicho que lo que se le olvidaba o no quería decir en la confesión, lo decía delante del Sacramento y que aquello era tanto como si confesara, y después de la testificación de vino la susodicha a diferir diciendo que era verdad lo susodicho pero que lo había dicho por los pecados veniales y votose en suspensión y que el comisario mas cercano la envíe a llamar y la reprenhenda.
(Nota al margen) : «Que pudieran excusar el cometer al comisario esta reprehensión por no estar en uso y lo pudiera haber hecho el Inquisidor en la visita»
COMENTARIO DEL AUTOR
El sacramento de la Confesión era un acto que generaba un especial rechazo en los moriscos, y por lo mismo, asistimos en muchos testimonio al especial empeño de la Iglesia en introducir su práctica regularmente en los proyectos de evangelización de la población morisca.
Para los cristianos nuevos de moro la confesión comportaba varios conflictos graves con sus convicciones religiosas mas íntimas. En primer lugar el relato de los pecados al sacerdote, validaba la aceptación del papel de los curas como intermediarios entre Dios y los hombres, mas grave para el morisco,en tanto que el papel del clérigo no solamente se limitaba a escuchar la confesión, sino que en nombre de Dios, podía perdonar los pecados de los hombres.
Esa repugnancia a confesarse iba mas allá que el conflicto religioso, también había por medio un problema muy serio de supervivencia, pues los moriscos tuvieron pruebas fehacientes de que lo confesado a los curas era todo menos secreto, sirviendo en incontables ocasiones para efectuar delaciones, armar causas y procesos, persecuciones del Santo oficio contra individuos, familias o comunidades enteras. De manera que, cuando el Santo Oficio quería entrar en una comunidad morisca a raíz de la sospecha de pervivencias islamizantes, comenzaba proclamando un indulto general a cambio de un perdón retroactivo, favorecíendo así la confesión de los pecados (léase delitos) y la denuncia de prácticas islámicas secretas en el seno de una población. Todo ello con la condición pública de que todo lo confesado y denunciado sería perdonado por un indulto general.

Figura 2: Foto antigua de La Calzada de Oropesa.
Si alguno de los miembros más débiles de la comunidad se tragaba el anzuelo, el Tribunal comenzaba a tirar del hilo buscando nuevos testigos entre los círculos mas crédulos y de aquellos que confesaban algo en las audiencias creyendo satisfacer a los Inquisidores mientras ocultaban lo que creían mas comprometedor para ellos o sus parientes. Se equivocaban, pues el Santo Oficio iba trabajando pacientemente esos círculos externos, conectando declarantes y sumando testigos, seguro de que un error de éstos, o un declarante débil, llevarían a los fiscales del Tribunal hasta el núcleo principal de los dirigentes religiosos clandestinos de la comunidad.
Hay que señalar que Ángela Sánchez, comprende rápidamente que un simple comentario que afectaba a la intrincada doctrina católica era en sí mismo peligroso. En cualquier caso, se trataba de meterse en un laberinto en el que nunca se estaba seguro de que, lo dicho en una conversación intrascendente, no llevara a entrar en contradicción con la ortodoxia de la Iglesia y de ahí a las cárceles secretas.
Por ello la morisca, pensando en lo ocurrido, se presentó por propia iniciativa ante los inquisidores. Se denunció a sí misma ofreciendo al mismo tiempo al Tribunal una explicación plausible de su patinazo doctrinal. (Hablaba de los pecados veniales, no de los mortales. Esos sí que había que confesarlos al cura, faltaría más, pero los veniales……eran nimiedades). El Tribunal (de momento) se da por satisfecho y lo deja estar, contentándose con un reprensión que habrá de hacer el comisario mas cercano al lugar de residencia de la Rea. ( Por cierto, el citado comisario se preguntaba en nota adjunta, por qué no hizo la reprensión el inquisidor del Tribunal en el mismo momento de la visita, dando a entender que no estaba por la labor de coger la mula y trasladarse a la Calzada a escuchar las medias verdades de la morisca)
Pero lo que no sabía Ángela, era que el primer objetivo de los Inquisidores ya estaba conseguido: Tenían la ficha de una posible delatora en el caso necesario de volver en algún momento por La Calzada, a la caza de piezas mayores.