Juan García, Luisa López y sus cuatro hijas, moriscos de San Pablo de los Montes en Toledo, registrados en 1612 tienen licencia para eludir la expulsión.

El 2 de Julio de 1612, los alcaldes y regidores de los lugares y pueblos de los Montes de Toledo reciben un auto de Luis Sirvendo, regidor y fiel del Juzgado de propios para que emitan  informe de los moriscos que hubieran podido quedar en sus localidades tras la expulsión, así como de los bienes que poseen.

El auto se recibe en San Pablo de los Montes, donde Alonso Pérez y Pablo Hernández alcaldes ordinarios y  Juan Gómez y Luis García regidores informan que, efectivamente, en el pueblo han quedado una familia morisca, compuesta por Juan García y Luisa López, su esposa junto con cuatro hijas suyas de 10, 8 ,6 y 2 años. Además de los dichos, otro grupo familiar compuesto por la viuda Isabel García de 70 años, que vive con su hija María de Castilla y los tres hijos de ésta, de 16, 13 y 10 años.

 

Figura 1.- Iglesia de San Pablo de los Montes

Sobre el asunto de los bienes informan los regidores locales que « …todos son cristianos nuevos y los susodichos tienen por bienes en este lugar una casas «retamizas» caídas que en justa estimación valen la cantidad de 6 ducados y los bienes muebles que en ella se hallarán se estiman en la cantidad de 4 ducados».

Las autoridades piden a los moriscos que según las instrucciones recibidas presenten las licencias que les permitieron en su día  evitar la expulsión, licencias que son copiadas e incorporadas al informe de los alcaldes ordinarios y dicen así:

 

Figura 2.-Documento de traslado de la licencia de permanencia de Juan García y Luisa López, su mujer  e hijas.

« En la ciudad de Toledo a seis días del mes de Octubre de mil seiscientos y diez años los señores del Consejo del Ilustrísimo Cardenal Arzobispo de Toledo, nuestro señor, a quien por su Majestad está cometido el ver y probar los que pretenden quedarse en estos Reinos y no entenderse con ellos el Bando de su Majestad contra moriscos, vieron la información hecha a pedido de Juan García y Luisa López su mujer y María su hija, vecinos del lugar de San Pablo de los Montes y los examinaron e hicieron con ellos otras diligencias y mandaron que por ahora se vayan a su casa y se les dio  de lo susodicho para que las justicias no les molesten en el ínterin que por su Majestad se mande otra cosa.»

 

COMENTARIO DEL AUTOR

Las disposiciones de la Monarquía  para revisar las posibles resistencias a los decretos de Expulsión General de los moriscos  1610 en Castilla, se llevan a cabo con una  minuciosidad administrativa que en muchos territorios resultará exhaustiva. La acción  implica a alcaldes y regidores, es decir autoridades locales ordinarias, no a comisarios nombrados al efecto,  por lo tanto, menos pegados al terreno como  se aprecia en este procedimiento de pesquisa llevado a cabo en los pequeños pueblos y lugares de los Montes de Toledo.

No sabemos cual fue el motivo de que ambos grupos familiares, de procedencia granadina, recibieran la licencia real para permanecer en un pequeño pueblo de los Montes de Toledo Lo cierto es que la mayor de las hijas de Juan García y su esposa, nació con seguridad en San Pablo de Montes hacia 1602 e incluso es posible que sus padres de origen granadino tampoco hubieran nacido en Granada o fueran muy niños en el momento de llegar deportados a Toledo. Ese hecho y la escasa densidad de grupos  moriscos exceptuados en la comarca, quizás habrían permitido una mayor integración religiosa y la obtención de buenas referencias de los párrocos y autoridades locales locales. La misma sensación de escasa «peligrosidad» proporcionan la viuda María, su hija también viuda y los  nietos de la primera.

No deja de sorprender la coletilla de la requisitoria del regidor Luis Servando, cuando pidió (en nombre de Su Majestad), que se le informara acerca del valor de los bienes que puedieran poseer los dichos moriscos. Esto podría parecer una última precisión estadística de los oficiales del Tesoro, pero parece ser mas bien una continuación del objetivo recaudatorio que acompañó obsesivamente, en todo momento, la expulsión general. Los regidores de San Pablo contestan bastante lacónicamente sobre el escaso beneficio que podría generar su incautación, tanto de las casas donde habitan, como de los bienes muebles que contienen, que ni siquieran los alcaldes se toman la molestia de enumerar.

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