No cabe duda de que el hallazgo (¿Arqueológico?), de lo que se conoce en la historiografía morisca como los libros de plomo del Sacromonte, no solo representó una sacudida sísmica en la sociedad granadina, sino que todos los sectores sociales y políticos, desde Granada hasta el propio Vaticano, pasando por las instituciones de la Corona, se sintieron aludidos en los hallazgos que tuvieron lugar entre 1594 y 1599.
No pretendemos en este punto añadir novedades al relato y análisis de lo acontecido en esas fechas y años posteriores, llevados a cabo por distintos autores (1). Tan solo tomaremos algunos de los elementos de estos trabajos, para señalar un hecho que demuestra como se prolongaron en el tiempo los efectos de esos acontecimientos en el seno de los colectivos moriscos de .la Granada de los siglos XVII a XIX.
Parece ya poco discutible, entre los autores de los trabajos citados, que el artificio del «descubrimiento» de los plomos escritos en formatos distintos y hallados distintas «excavaciones» de la capital, fue concebido por un colectivo amplio en el que participaron moriscos de alto nivel político por su cercanía a la Corona como Alonso del Castillo o Miguel de Luna, miembros moriscos de la nobleza como Alonso Granada Venegas y Fernando Núñez Muley o de antiguos intelectuales como El Meriní, ya fallecido, siendo este último a quien se atribuye la inspiración y redacción de los textos y documentos que acabarían en manos de Miguel de Luna.

Figura 1.- Grabado de la escena del descubrimiento de los Plomos del Sacromonte.
Lo mas paradójico del caso es que el contenido de los textos beneficiaba en principio a la jerarquía eclesiástica de Granada y de España, pero también al colectivo morisco granadino y de toda la Península Ibérica, lo que hizo que fueran rápidamente delimitadas las posturas a favor y en contra de la veracidad de los hallazgos y del contenido de los textos. Se ha dicho, con razón, que los colectivos moriscos de Granada y por extensión los de toda la corona, habían quedado en una pésima situación política después del levantamiento y la Guerra de las Alpujarras. No solamente aquellos que dirigieron el levantamiento, o bien tomaron las armas contra los ejércitos de Felipe II, sino aquellos que ,por su posición o expectativas o convicciones, se habían situado al margen del conflicto o habían participado claramente del lado de los ejércitos de Juan de Austria.Todos, moriscos levantados o moriscos de paces, fueron tratados ya como sospechosos de que podrían repetir su rebeldía o de haber participado por acción u omisión en los levantamientos.
Para aquellos linajes de entre las élites moriscas, que habían estado colaborando con la corona desde tiempos de las Guerras civiles y la toma de Granada, la Guerra fue un desastre que debían reparar, si querían mantener su buena relación con la Corona y su ascendencia sobre la población morisca del Reino, fundamental para reforzar su postura de intermediación entre la esa población y la Monarquía.
Para un sector de la Iglesia granadina, del que formaba parte el arzobispo de Granada Pedro de Castro, los Plomos de Sacromonte, abrían un camino que llevaba el surgimiento del cristianismo a los primeros años del siglo I. En efecto, si los santos Tesifón y Cecilio, recibieron el encargo de llevar el cristianismo a tierras de lo que siglos mas tarde sería Al Andalus, de manos de San Pedro y San Pablo,( nada menos), desaparecía una barrera histórica que podía retrotraer siete siglos el triunfo del cristianimo sobre el Islam.

Figura 2:- Hallazgo de los plomos en el derribo del alminar de la Mezquita Mayor de Granada, conocido como Torre Turpiana.
Por ello San Tesifón, debía aparecer, en el nuevo relato que cuentan los plomos, como un misionero cristiano de etnia árabe, que hablaba y escribía el árabe ( como lo hacen otros árabes no musulmanes como los maronitas ). El árabe era, según los plomos, una lengua tan noble y del mismo rango religioso que el latín o el castellano que se utilizan en los escritos. La propia Virgen María aparece con indumentaria oriental. El papel de la Virgen María en el relato que hacen los plomos es fundamental, pues en un punto determinado de los escritos, la veracidad de éstos es refrendada por la mismísima madre de Dios.
El proyecto de sincretismo de los autores de los plomos es tan elaborado que llega al punto de introducir tempranamente el dogma de la Inmaculada Concepción de María, tan caro a la propuesta teológica defendida por el propio Arzobispo Pedro de Castro, y que no se convertirá en dogma de la Iglesia hasta fecha tan tardía como 1854 por el Papa Pío IX. En suma estamos ante un sincretismo que transforma a la Iglesia Católica española en una Iglesia «nacional», que ya no topa con Al-Andalus como una barrera histórica, sino que se trata de algo que puede ser reivindicado como la continuidad de un proceso ininterrumpido de siglos de cristiandad.
Como fuere, la polémica sobre la veracidad de los hallazgos se prolongó en el tiempo hasta que, en 1682, el papa Inocencia XI declaraba los plomos y sus contenidos falsos y heréticos, pero, eso sí, los restos humanos hallados junto a los libros se convirtieron en reliquias reconocidas por la Iglesia Católica, de forma que, finalmente, la Iglesia fue la ganadora del intento de sincretismo auspiciado por los moriscos, pues pudo situar a Cecilio, Tesifón y sus compañeros como discípulos del Apóstol Santiago, mártires del cristianismo, e introductores de la doctrina cristiana en la Granada del Siglo I.

Figura 3.- Retrato del Arzobispo de Granada Pedro de Castro (1534-1623)
No obstante, parece que en el seno de los moriscos tardíos granadinos la huella del proyecto fallido tardó en desaparecer. Pensamos que si Tesifón y Cecilio encarnaban aquel acercamiento interreligioso, en el que habían puesto sus esperanzas de superviviencia política los moriscos granadinos, alguna huella debía aparecer entre ellos en los años siguientes, mas allá incluso de la negativa papal a acepgtar la veracidad de los libros.
Ese rastro lo encontramos en la continuidad de los nombres que recibían en el bautismo los niños granadinos,y mas particularmente en el seno de los linajes moriscos, que no encontramos prácticamente en ningun otro de los Reinos de la Monarquía.
NOMBRE APELLIDO VINCULADO LUGAR AÑO
Tesifón Álvarez Granada 1595
Tesifón De Perea Granada 1596
Tesifón Gómez de la Chica Granada 1597
Tesifon De Ávila Granada 1605
Tesifón Alarcón Aguilar Granada 1628
Tesifón Salido de Chaves Granada 1658
Tesifón Salido de Chavez Granada 1667
Tesifón Morcillo Granada 1719
Tesifón De Perea Granada 1735
Tesifón De Palma Rojas Granada 1741
Tesifón De Rojas Granada 1744
Tesifón Madrid de los Reyes Granada 1781
Cecilio Tesifón Chaves Chaves Jadraque Granada 1717 (*)
(*) Hermano de Pedro Chaves Chaves Jadraque, emigrado a México.
Tesifón Cecilio De León Granada 1820
Cecilio Tesifón Ruiz Martín Granada 1857
Tesifón Cecilio Serrano Hiruela Granada 1859
Tesifón Cecilio Janel Granada 1860
Tesifón Cecilio Alarcón Granada 1861
Entre 1595 y 1861 hemos podido localizar en la población granadina una cifra de 200 personas bautizadas con este nombre, acompañado de otros nombres comunes. Algunos formando un significante muy ilustrativo de la situación en la que se hallaba la población morisca, pues bautizados como Cecilio Tesifón de la Santísima Trinidad, sus nombres, herederos de los plomos del Sacromonte parecían mas bien una profesión de fe.
NOTAS
(1)
-Barrios Aguilera, Manuel y García Arenal, Mercedes: «Los plomos de Sacromonte .Invención y tesoro». Biblioteca de Estudios moriscos. Universidad de Zaragoza, 2006.
-Rodriguez Mediano, Fernando: «Los plomos del Sacromonte y su proyección extragranadina». En «Las veus del sagrat» ,Terrado, Xavier y Flocel, Sabaté (eds.). Índice Histórico Español nº 5, 2014.
-Hagerty, M.J. : «Los libros púmbleos del Sacromonte». Editora Nacional. Madrid, 1980.
TEXTOS
Los «Plomos del Sacromonte»: Magia morisca en Granada
http://www.absolum.org/antrhis_plomosacromonte.htm
«En 1588 la ampliación de la tercera nave de la Catedral de Granada obligó a derribar la torre de la antigua mezquita mayor nazarí. La tradición local afirmaba que la torre, llamada «Turpiana», había sido edificada por los «fenicios». El día de San Gabriel de ese año -fecha celebrada en el calendario islámico- los albañiles hallaron una pequeña caja de plomo que, al abrirla, desprendió una extraordinaria fragancia.
En su interior se encontró un hueso del San Esteban, protomartir, una imagen de la Virgen, con traje «egipciano», una arenilla entre azul y negra, un pañuelo que enjugó las «lágrimas de la Virgen» y dos pergaminos (una profecía de San Juan, interpretada por Dionisio Areopagita y el relato del martirio de San Cecilio). Los pergaminos fueron traducidos inmediatamente por el Santo Oficio y el Obispo ordenó que las reliquias se colocaran en un lugar destacado de la Sacristía. Las apariciones no había hecho sino comenzar.
El 21 de febrero de 1595, se encontró frente al Generalife, la primera lámina de plomo escrita en caracteres hispano-béticos que, una vez descifrada, pudo saberse que contenía datos sobre el martirio de San Tesiphon (o Mesitón) y San Hiscio, discípulos de Santiago. Los hechos que narraba estaban fechados en «el segundo año de Nerón, primer día del mes de marzo».
El texto sobre San Tesiphon estaba escrito en «su natural lengua arábiga con caracteres de Salomón». Dos meses después, una niña, Catalina de Cuevas, encontró otro documento, El tratado sobre la esencia de Dios. Las crónicas de la época afirman que los hallazgos iban acompañados de resplandores, fenómenos luminosos y prodigios.·